No tenemos mucho tiempo, porque mañana hay que madrugar, pero os contamos nuestras últimas batallitas... Como somos de puntazos, anoche decidimos irnos a Escocia (sí, mamá, estoy en Escocia, luego te cuento...). Es que pensábamos ir a Londres, pero nos hicimos un amigo en la estación que nos chivó los trenes más baratos de la temporada y nos hizo cambiar de planes.
Llegamos a Edimburgo a las 7 de la "noche", y de repente nos dimos cuenta de que con la prisa (yo tenía 3 horas de clase esta mañana) se nos había olvidado apuntar la dirección del sitio en que pensábamos dormir. Sólo sabíamos -por un breve vistazo que echamos a un mapa por internet- que estaba en las quintas %@#&*#! y que se llamaba
globetrotter inns. Pero para fiarse de un taxista... así que decidimos buscar un punto de información, lo que pasa es que cerraba a las 5, cómo no, cuando se fue el sol.
Nos colamos en una librería a cotillear un mapa, pero ni siquiera salía en las guías de la ciudad... y, cuando ya habíamos perdido las esperanzas de encontrarlo, apareció ante nuestros ojos una oficina de
last minute y una empleada increíblemente simpática que nos salvó el pellejo. Se nota que habíamos llegado a Escocia, porque la gente habla con un acento infernal, pero es mucho más amable.

Resulta que los
globetrotters estos venían a recogernos a la estación. Sí, sí, gratis. FREE!!!! En minibus. Qué bien me lo monto, ¿verdad mamá? El caso es que el sitio este es la leche. 15
paunds la noche, con desayuno inmenso incluido. Hay una tiendecilla, una cocina enorme y superequipada para que te prepares lo que quieras, un comedor tremendo,... Y, eso sí, cuando acabas de comer tienes que llevar los platos a la cocina porque ¡¡¡te los friegan!!! Hay internet, spa, bar 24 horas, gimnasio, ¡playstation 2!, televisión, vídeo y videoclub,... y cuando quieras te llevan a la ciudad en el minibus guay.
Hay otro en Londres, así que el fin de semana que viene habrá que repetir. Ya sabes dónde vamos a estar, madre.