
La semana santa comenzó como suele comenzar para casi todos, con una procesión de Domingo de Ramos con sus nazarenos, su trono con la burra, su Virgen y sus bandas de cornetas y tambores.
Esto fue lo que nos encontramos en Úbeda, con la única particularidad de que los globos presidieron la salida de los tronos de la iglesia de la Trinidad. (Adviértase la figura de Spiderman en la esquina superior izquierda.)

El resto de la Semana Santa lo pasamos en Lorca. Yo iba preparado para algo “diferente”. Sin embargo, el Miércoles Santo vimos un encuentro de San Juan, la Verónica y el Cristo del Rescate (del Paso Blanco) de lo más tradicional. La Plaza de España en penumbra, con las luces de los monumentos apagadas y varios miles de personas en silencio

presenciando la representación de la despedida del Cristo antes de ser apresado por los romanos. Las tallas a hombros, las bandas tocando una música llena de sentimiento, las antorchas de los romanos rodeando al Cristo,

Pero no era de esto de lo que Gloria me había advertido, sino de lo que me esperaba al día siguiente. El Jueves Santo fue la introducción a la “apoteosis” del viernes.
Desde una posición privilegiada en un balcón en plena avenida Juan Carlos I, teníamos una vista panorámica de la carrera, con el suelo cubierto de arena y las gradas abarrotadas cubriendo por completo las aceras.

En Lorca, las procesiones se hacen entre todos los pasos (cofradías), y cada día preside un paso. Hay dos pasos mayoritarios, el Blanco y el Azul, que además del típico desfile de imágenes hacen una representación de pasajes del Antiguo Testamento, y otros tres pasos, el Morado, el Encarnado y el Negro, que hacen una procesión “normal” con penitentes y esas cosas.
semanasantalorca.comLa procesión del Jueves Santo la presidía el Paso Morado. Lo que más me llamó la atención de todo el desfile fue el ambiente que había en los palcos (algo sorprendente comparado con la pasividad del público al que estaba acostumbrado). Una acera estaba poblada de pañuelos azules y la otra de pañuelos blancos, y la gente gritaba y jaleaba a su grupo, agitando los pañuelos y cantando himnos. Aparte de esto, ver en una procesión de Semana Santa carreras de cuádrigas al más puro estilo Ben-Hur, a Cleopatra lanzando caramelos o a la Reina de Saba en su carroza tirada por esclavos, resulta bastante curioso.


Viernes Santo –¡sí, sí, guá, guá, tú y yo lo sabíamos, el viernes santo ya está aquí!-. Por la mañana, siguiendo el ritual “semanasantero”, salimos con un clavel blanco en el ojal de la chaqueta a pasear y visitar las exposiciones de bordados de los pasos.

Ciertamente, el realismo de las imágenes bordadas en los mantos era espectacular. Las fotos que aparecen aquí están tomadas en la Capilla del Rosario
elpasoblanco y representan escenas de pasajes bíblicos y personajes del Antiguo Testamento.
Antes de la procesión, los pasos recorren las calles del pueblo tocando sus himnos y deteniéndose bajo los balcones donde se han ido colocando las banderas del paso para recogerlas. Esto no es más que un preparativo que llena las horas de la tarde de un Viernes Santo con una única procesión.

Ya estábamos preparados para la gran noche del viernes, pero esa es otra historia...